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La Coctelera

Escribo para vivir.

Cuestión de intentarlo.

2 Noviembre 2006

"Los vándalos destrozan 26 autobuses de la EMT en Halloween."

Amigos blogueros: A la vista de hechos como este debo afirmar, aunque no sea políticamente correcto, que las autoridades están siendo excesivamente blandas con los que ejercen la violencia gratuita.
Hay diferentes deficiones de violencia.
La violencia como "fuerza intensa e impetuosa". Así hablamos de la violencia del huracán.
Existe un tipo de violencia, a la se puede denominar "proporcionada", porque no debe exceder de los límites adecuados al fin que se propone.
Otra a la que llamaríamos "justa", como la que empleamos cuando tenemos que defendernos de una agresión.
La que hoy me viene bien para lo que os quiero decir es la que yo llamaría "terapéutica".
Se parece a la agresión que sufre un enfermo por parte del cirujano que tiene que efectuarle una operación, con derramamiento incluso de sangre.
Podemos observar que existe un número determinado de personas (padres, policías, jueces, profesores...) que por oficio, diríamos, están obligados a ejercer un cierto grado de violencia controlada contra alguien y en beneficio suyo y de la sociedad.
Pero también observamos, y cada vez con más preocupación, que están haciendo dejación de este deber. Y que me perdonen por lo que estoy afirmando.
Porque esa violencia, legítima, comedida, necesaria, ajustada, amorosa incluso, que se debe llevar a cabo porque se tiene la certeza de que con ella mejora el comportamiento de ciertas personas...se está dejando de ejercer.
Se está imponiendo la violencia "a mi servicio", "a mi capricho", especialmente por parte de un sector más bien joven de la sociedad.
Y así vemos policías apedreados. Padres, profesores y compañeros de colegio maltratados...
Porque las personas que ejercen ese tipo de violencia no lo hacen por el bien de estas personas, sujetos pacientes. Es por conseguir sus fines propios, su gusto.
El otro día coincidí en el metro con un chico a quien se le pidió por favor que se sentara bien, que iba molestando a las dos personas que llevaba al lado.
Su reacción: "No me sale de la polla. No va a decirme nadie cómo tengo que sentarme."
Está claro que a tipos como este hay que pararle los pies y pronto.
Mañana te puede dar un puñetazo en un ojo con el simple argumento de que le sale, también, de la pollla.
O dentro de un tiempo maltratará a su esposa por el motivo de que la naturaleza no le ha dotado a ella de ese apéndice que él exhibe como único y gran argumento para hacer su santa voluntad.

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