Zeren barre egiten zuten Iker eta Asier adimenean?
Amigos blogueros: Ante todo deciros que me habría gustado estar hoy en Sevilla con todos los blogueros de España en lugar de escribiendo este post.
Otro año será. Porque, como supongo que será un éxito, se repetirá en años sucesivos.
El pasado jueves, 16 de noviembre, vi en el periódico 20 Minutos la foto de dos etarras con una sonrisa que yo llamaría impropia: ¿De qué se reían Iker y Azier en el juicio?
Motivo de su inmensa alegría: la fiscal de la Audiencia Nacional acababa de pedir 20 años de prisión para dos supuestos terroristas, Asier Arzallus e Iker Olabarrieta quienes, hace algún tiempo, habían cometido un atentado, causando la amputación de una pierna al joven diputado del PSOE, Eduardo Madina.
Yo no creo que estos individuos sean malas personas. Son simple y llanamente tontos. Pero que muy tontos. Porque sólo una persona que sufra la enfermedad de la tontería puede mearse (¡Perdón!) de risa al oir una condena de 20 años de cárcel.
Y cínicos. Muy cínicos. Han debido aprender su comportamiento cínico en su casa, de sus padres, desde muy niños. Porque si no, no les saldría tan natural.
Pero lo que hoy más me entristece es que este comportamiento ya no es propio de terroristas con carnet, como la kaleborroca ya no es sólo cosa del entorno etarra.
Si no, díganme cómo llamar a esa destrucción de mobiliario cada fín de semana en cualquier ciudad de España.
O qué diferencia hay entre la insensibilidad de estos dos terroristas ante la víctima en la sala de juicio y la de dos crías de 12 años que maltratan a otra de tan sólo 6 y además lo graban en el móvil.
¡Santo Dios! ¿Qué nos está pasando? ¿Dónde andan esos padres educadores que están creando estos monstruos?
Quizás dentro de unos años Iker y Asier se miren en el espejo de su celda de la prisión y vean unos rostros aburridos y amargados y se pregunten: "Estúpidos, Iker y Asier, ¿por que nos causaría tanta gracia que un juez nos condenara a 20 años de prisión?"
A lo mejor hasta se pegan con la cabeza contra la pared.
Porque la verdad es que la cosa no tiene maldita gracia.