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La Coctelera

Escribo para vivir.

Cuestión de intentarlo.

8 Febrero 2007

"A San Joaquín no lo toca ni Dios." (Un alcalde rojo)

Amigos blogueros: Por la forma que voy a contar lo que quiero, voy a parecerme a ciertos perdiodistas que afirman practicar "perdiodismo de investigación" en uno de los grandes periódicos de tirada nacional, cuyo nombre no deseo recordar ahora.
Pero lo cierto es que oí en una radio a cierta perodista que había escrito un libro sobre cosas positivas de la Guerra Civil Española del 1936-39.
Como comprobaréis no cabe más imprecisión: ni me acuerdo del nombre de la radio ni del de la periodista ni del libro que escribió.
¡Puro perdiodismo de investigación!
Ya que lo verdaderamente interesante es una anécdota que contó, entresacada de su libro, y que voy a reproducir con su permiso.
Debo confesar que me impresionó sobremanera porque yo nunca sospeché que, en una guerra tan cruel como aquella guerra civil (según alguien dijo: "las guerras civiles son las más inciviles de las guerras"), hubiera habido personas con tanto sentimientos.
Pues parece ser que al principio de la contienda había un pueblecido gobernado por un alcalde republicano ("rojo", como le motejaban a los republicanos).
Y que lo cierto es que, al igual que en el bando de Franco (" fascistas" les llamaban a sus seguidores), había rojos buenos, regulares e "hijos de satanás", como decía mi abuela.
Así que un día llegó un grupo de estos últimos dispuestos a quemar todos los santos de la iglesia parroquial. (¡Qué manía esta de quemar estatuas!)
Registraron la iglesia y, al llegar al altar donde se suponía que estaba el santo patrono San Joaquín, se encontraron con la hornacian vacía.
No se sabe cómo pero se enteraron de que la imagen del santo se hallaba en el Ayuntamiento.
Hacía allá se dirigieron y conminaron al alcalde a que les entregara la estatua para quemarla con las otras.
Pero encontraron a un alcalde, muy rojo sí, pero muy resuelto y firme en sus creencias, también.
"A San Joaquín no lo toca ni Dios", les dijo.
Y los exaltados se dieron la vuelta. Y San Joaquín permaneció en el Salón de Plenos de la Alcaldía hasta el día que entraron las tropas "nacionales".
Para su asombro, se encontraron en un ayuntamiento rojo a San Joaquín presidiendo la sala. Eso sí con Karl Marx a su derecha y Lenin a su izquierda.
Que a cada santo hay que encenderle su vela.
DEDICATORIA: A mi amigo Joaquín, que puede que le divierta esta historia.

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