"Tontos narigudos, por milagro verás uno".
Amig@s
bloguer@s:
Durante una etapa de mi vida adolescente, me sentí algo molesto por el tamaño de mi nariz, un pelín más larga de lo que yo creía que era normal.
No llegó en ningún momento a acomplejarme.
Ni a causarme infelicidad. Sólo me sentía algo incómodo.
Pero lo que es el poder de los refranes.
Leyendo un día un libro, me topé con éste que, como por arte de magia, hizo que desapareciera mi incipiente complejo de narizota.
Siempre me quedaría el consuelo, pensé, de que, por lo menos, sería más inteligente que la media de mis amigos.
MANOLETE Y SU NOVIA LUPE
Por eso me fijaba en los grandes personajes de la Humanidad:
reyes, músicos, pintores...
Y me alegraba inmensamente observar que con bastantes de ellos la madre naturaleza había sido generosa a la hora de dotarles del apéndice nasal.
Pero, sobre todo, me alegró más que nada el día en que mi padre me dijo que mi nariz se parecía a la de Manolete.
Hoy leo en El Mundo que "el torero José Tomás torea en Linares, donde hace 60 años murió Manolete, su ídolo - igual que el mío - el monstruo, el torero triste de la posguerra".
Hoy ya sería incapaz, como lo hacía de niño, de acudir a una corrida de toros.
Me enteré que en Barcelona había un club de narigudos ("Narigut Club") y les escribí.
Para que luego digan que los catalanes carecen de sentido del humor.
Y siempre, desde entonces, he pensado que debemos ver siempre el lado positivo de las cosas y reirnos hasta de las posibles imperfecciones propias.

Agar dijo
en la adolescencia tendemos a acomplejarnos, dímelo a mi que creo que aún estoy en ella...
besos
29 Agosto 2007 | 09:10 PM