"Luciano Pavarotti no sabía leer música. ¿Hacía falta?"
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Porque yo conozco a varios amigos que terminaron la carrera de solfeo en el Conservatorio y continúan desafinando.
Existe una leyenda urbana que afirma que Pavarotti, posiblemente el mejor tenor italiano del siglo XX o, por lo menos, el más conocido, no sabía solfear - o como se dice en otros idiomas, "leer música".
Muchos famosos catantes de Opera ha dado Italia.
Recuerdo ahora al napolitano Enrico Caruso o al napolitano Mario del Monaco.
Pero ninguno supo como él simultanear obras operísticas, pop - ¿quién no recuerda la bellísima canción "Miss Sarajevo" cantada a dúo con su amigo Bono - o canción napolitana - difíciles de olvidar sus versiones de "O sole mio" o "Torna a Sorrento".
El de Módena - curioso que haya muerto en la misma casa donde nació hace setenta años - interpretó algunas arias operísticas como nadie.
"Una furtiva lacrima", por ejemplo. Esa lágrima que hoy se nos escapa a cuantos amamos la música en general.
Agradó tanto a los amantes del pop, la canción popular siciliana o la música lírica.
Igual llenaba teatros que estadios de futbol que parques, con un público de lo más diverso y por los motivos más varios.
Grande hasta para reirse de sí mismo.
Sin ser un gran actor, llenaba - en el sentido literal de la palabra - el escenario con su gran humanidad y su enorme personalidad.
Una de los personajes que más le gustó interpretar fue el de Rodlfo en la Bohême:
"Dunque é proprio finita?
"Te ne vai, la mia piccina?
"Addio, sogni d'amor!"
Nunca olvidaremos el pañuelo que siempre le acompañaba.
¡Gracias, maestro Luciano, por las muchas horas de placer estético que nos regalaste!
¡Sigue cantando donde quiera estés!
Nos complacerá continuar escuchando, en el silencio de la noche, "Al alba vinceró".