"Hasta la entrañable Madre Teresa de Calcuta tenía dudas de fé".
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Se ha publicado un libro con cartas donde Madre Teresa (nacida Agnes, en Skopie, la antigua Yugoslavia, en 1910 y que más tarde cambió por el de Teresa al profesar en la congregación religiosa de Hermanas de Loreto) confiesa sus dudas de fé.
Y es que a ella también, como a cualquier ser humano que piensa en la razón profunda de la existencia, le resultaría difícil compaginar la idea de un Dios compasivo, bondadoso, todopoderoso, con la existencia de tantas personas viviendo en extrema pobreza.
Si Dios es bueno y lo puede todo, ¿por qué parece tan insensible ante tanto sufrimiento?
Como agnóstico, no me extraña sus dudas de fé.
Pero, incluso, como creyente tampoco, supongo.
Y es que Dios - y que me perdone - hace cosas como para no fiarse mucho de él.
O, quizás, sea más bien lo que dice Woody Allen por boca de Boris, el protagonista del film "La última noche de Boris Grushenko":
"Lo peor que hay que decir de Dios es que ha tenido poco éxito con nosotros."
"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres", dijo no hace mucho el Arzobispo de Santiago de Compostela, a propósito de la asignatura polémica "Educación para la Ciudadanía".
¿Qué quiso decir el prelado con esta frase?
¿Y cómo sabe él lo que Dios quiere?
¿Le habla muy a menudo?
¿Cuándo le ha hablado por última vez?
Pues yo, entre la fé sin cisuras del señor Arzobispo y la fé vacilante y dubitatitva de Madre Teresa, me quedo con esta última.
Me dan miedo las personas que nunca dudan.