"Y Bob - Dylan, por supuesto - brilló por su ausencia".
Amig@s
bloguer@s:
Ya las tertulias de periodistas se despacharon a gusto criticando la ausencia del gran Robert Zimmerman a la cita de Oviedo.
Yo me pregunto si el Jurado del Premio Príncipe de Asturias se sentiría humillado por esta ausencia mal justificada del cantautor americano.
Creo que no, pues contaba con su forma de ser peculiar y enemiga de estos eventos.
Pero se vería obligado a conceder el Premio de las Letras a un autor lírico, ya propuesto con anterioridad y por dos veces, al Premio Nobel.
Sus letras de canciones figuran en la memoria colectiva de medio mundo. Y están ahí para no olvidarse jamás.
Yo pienso que incluso fue mejor que no asistiera: habría obscurecido a los otros galardonados con su protagonismo.
No por él al que los homenajes, tras 45 años bañándose en multitudes le sobran, sino por algún tipo de prensa que habría trivializado su presencia.
Hasta al estupendo director de cine y actor, Woody Allen, le hizo ilusión el premio por aquello de que se lo iba a otorgar un príncipe.
Pero Bob Dylan es así. Y no seré yo quien critique su determinación.