"Un tal Blázquez".
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Con estas palabras, dicen las crónicas, presentó un tal Xavier Arzallus, presidente entonces del PNV( Partido Nacionalista Vasco) al nuevo obispo de Bilbao, Monseñor Ricardo Blázquez.
No le agradó mucho que Roma hubiera nombrado para una ciudad vasca a alguien que no lo era.
Es decir, para este dirigente nacionalista, el tal Blázquez carecía de pedigree de sangre para regir correctamente una diócesis vasca.
A día de hoy el monseñor parece haber hecho bien sus deberes y adquirido méritos más que suficientes para ser admitido en Euskadi como uno de los suyos.
Pero lo que se ha hablado de Monseñor Blázquez estos días en los medios es porque en su calidad de Presidente de los Obispos Españoles, ha pedido perdón - al parecer, porque tampoco ha quedado muy claro - por haber sido la Iglesia Española demasiado indulgente con un gobierno dictatorial durante tantos años.
Existen , no obstante, suspicacias ante este gesto de humildad ya que hablan de sospechosa coincidencia entre estas declaraciones y la campaña televisiva solicitando a los contriubuyentes que marquen con una X la casilla correspondiente a la Iglesia en la Declaración de la Renta.
Y en esa estamos.
Yo, suspicacias aparte, a cualquier gesto de reconciliación que se produzca, le doy la bienvenida, sin reticencias.