"No plantes la viña junto al camino."
Siendo niño, estuve dos años en un internado de religiosos salesianos en un pueblo andaluz, famoso por sus vinos.
Los jueves, teníamos paseo. Normalmente, íbamos por el campo porque la población tenía poco que ver y pocos atractivos para gente menuda.
Un día de finales de septiembre, y cuando la vendimia ya había concluido, nos llevó el profesor a jugar al futbol en una alberca enorme que estaba sin agua.
Varios amigos nos quedamos rezagados y nos fijamos que, junto al camino, había algunas cepas a las que los vendimiadores habían dejado algunos racimos sin recoger.
Ni cortos ni perezosos, nos lanzamos a por ellos.
Pero nos quedamos helados al escuchar el enorme bozarrón de un hombre que a lo lejos nos gritaba:
"¡Eeeeh! Paeze mentira que ezteih en un colegio de curah!"
Suponía aquel buen señor que, al estar estudiando con curas, tendríamos un sentido acusado del respeto debido a lo ajeno.
En un primer momento pensamos en salir corriendo.
Pero nos acordamos de una canción que nos había enseñado el profesor de música en la clase de canto y, mirando al señor que nos gritaba, pensamos: "Esta es la nuestra."
La canción decía:
"No plantes la viña, ¡ay!
Junto al camino.
Que todo aquel que pasa, ¡ay!
Coge un racimo.
Y de este modo.
Se la van vendimiando
Porquito a poco."
Pero, y por si acaso, salimos corriendo, por lo que pudiera suceder.