El problema no es 'corbata sí, corbata no'.
La cuestión es, como dice el castizo, 'joder la marrana'.
Recordarán el episodio de pasados días en el Congreso.
Miguel Sebastián, nuestro ministro de Industria, apareció en el semicírculo descorbatado.
El señor Bono le envió una corbata, que el señor ministro rehusó enviándole, a su vez, un termómetro.
Todos sabemos que en una sesión de congreso no hay por qué vestir de etiqueta. Allí se va a trabajar y no a lucir trajes.
El acto de no vestir con la corbata era un simple gesto simbólico, sin más transcendencia.
Se pretendía con ello decir que se quiere ahorrar energía y para ello, lo mejor era ponerse cómodos y así no hay que elevar el grado de frío de los refrigeradores.
Esto que no tiene más importancia que una simple anécdota de las tantas que produce el Congreso, se convirtió, en manos de la Oposición, del Partido Popular en particular, en un arma arrojadiza.
¿Quién habló de este asunto hasta el hartazgo?
Los periodistas en sus tertulias. No el Gobierno.
Pues va el PP y dice cosas como: "En lugar de ocuparse el Gobierno de las cosas serias que preocupan a los ciudadanos, se preocupa de las corbatas."
Sin comentario.