Ana Belén, musa de Paco Umbral.
Hubo un tiempo en que don Francisco escribía, en su columna de 'El Mundo', maravillas de la niña prodigio, ya convertida en una joven espléndida.
Era como una obsesión. Era, como él decía, su musa inspiradodra.
Hoy esa joven, inquieta como corresponde a una géminis, es una mujer madura pero no ha perdido un ápice de su frescura, de su encanto.
Ya sé que un gran sector de la derecha española, más que verla como la enorme actriz y cantante que es, sólo ve en ella a una persona de izquierdas, como si esto fuera pecado.
Espero que ello no sea obstáculo para no escucharla o visionarla como actriz. Elos se lo perderían.
Le hicieron hace unos días una entrevista en la radio.
Allí confesó que le encanta ir al cine sola. ¡Qué sabia! Eso indica que ama el cine.
Hay quien va al cine a charlar con su pareja o a comer palomitas. ¡Por Dios!
Y la perdiodista de Radio Nacional la entrevistaba a propósito de su papel de Fedra - tragedia griega que estaba representando en el teatro romano de Mérida.
Recordemos que Fedra era hermana de Ariana y esposa de Fedre.
Se enamora de su hijastro Hipólito, llevada de una pasión inspirada por Venus.
Este no le corresponde y ella le acusa ante su padre de haberla querido violar.
Este manda a Poseidón que lo castigue, siendo devorado por un monstruo marino.
Fedra, desesperada por el remordimiento, se da muerte.
El personaje intepretado por Ana fue tratado por Unamuno, asociándolo a su 'Sentimiento trágico de la vida'.
Fedra es apasionada, desdeñosa, mentirosa, vengativa.
Ana es, como Fedra, apasionada.
Pero no me la imagino ni desdeñosa ni mentirosa ni vengativa. Es muy dulce.
Siente pasión por todo cuanto hace, ya que es muy vitalista.
Son muchos los años - desde niña - triunfando en su doble fasceta artística de cantante y actriz, de teatro y de cine.
Pues a pesar de ello, confiesa sentirse sorprendida de que la sigan contratando.
Se considera una mujer con suerte aunque, como ella dice, la suerte hay también que buscarla. Estar atento por si pasa por tu puerta e invitarla a entrar.
Por diversas razones tengo que pasar por la Puerta de Alcalá en Madrid.
Imposible no acordarme de Ana. Aunque también recuerdo a Víctor y al malogrado Antonio Flores.
"La Puerta de Alcalá.
Ahí está, ahí está,
Viendo pasar el tiempo.
La Puerta de Alcalá."
La niña de la Calle el Oso madrileña, en el castizo barrio de Lavapiés, es hoy una esplendorosa mujer madura que no ha perdido un ápice de su encanto con el pasar de los años.
"En este país eres lo último que haces", dice con pena Ana.
Pues yo espero verte hacer muchas cosas aún, sola o con tu Víctor.
bateman dijo
!Qué gran mujer!
11 Agosto 2008 | 11:36 AM