"El Supremo ampara a la profesora de Religión despedida por su vida privada".
Es lo que leo en el diario El País del pasado sábado 17 de Enero.
Para quien no esté en la noticia, debo recordarle que María del Carmen Galayo era, y a partir de esta sentencia seguirá siéndolo, una profesora de religión que fue despedida por el obispado de Canarias - supongo que por el obispo de Las Palmas, ya que Santa Cruz de Tenerife tiene el suyo, según creo, en la ciudad universitaria de La Laguna.
¿Los motivos? A la Iglesia no le gustaba algún aspecto de la vida privada de María del Carmen.
Esto es tremendo porque para llegar a evaluar la conducta moral de los docentes que imparten esta asignatura, tendrán que montar todo un sistema de vigilancia e investigación para averiguar qué tipo de vida llevan estos profesores.
Ya lo sabe, eminencia, si desea usted que sus feligreses aprendan religión, páguela de su bolsillo y envíe a los críos a sus parroquias - que es el lugar idóneo para el adoctrinamiento.
Si quiere que sea el Estado quien pague a sus profesores de Religión, tendrá que someterse a lo regulado para el profesorado de las escuelas públicas.
Usted debe de comprender que lo contrario sería una ingerencia en asuntos para los cuales no le creo competente.
Quien paga, manda.
El problema, no obstante, es de difícil solución.
¿Puede un profesor impartir religión sin creer, incluso, en lo que enseña?
Si partimos de la idea - posible, probable y, en algunos casos, cierta - de que hay obispos que no creen en Dios, pues la respuesta es sí.
riselo dijo
Amigos blogueros:
Por motrivos de estudios pasé un año en Cataluña y recuerdo que los críos iban a 'catecismo' a sus parroquias.
Yo de pequeño recibía clases de religión en mi parroquia.
Esto nuevo de que los Obispos exijan que el Estado les permita y les pague la clase de Religión en los colegios y, además, se inmiscuyan policialmente, en la vida privada de los profesores...
Mucha cara, señores monseñores.
22 Enero 2009 | 09:55 AM