El 'padre' Ferrer, un santo civil.
Fue jesuita y eso marca.
De sus antiguos correligionarios aprendió su ímpetu misionero.
Su vida fue toda ella una dedicación a tratar de erradicar la pobreza.
Para ello eligió un lugar: la India.
Cuando un europea le dijo en cierta ocasión: 'no tengo nada', le respondió que no tenía ni idea de lo que era no tener nada.
Tenía en su imagen la miseria de tantos millones de indios, a los que dedicó más de cincuenta años, tratando de remediar sus necesidades más básicas: alimento y vivienda.
Curioso que, a pesar de estar casado y reducido al estado laico, muchos le seguían llamando 'padre'.
Los jesuitas, que son gente muy lista - lo sé de buena tinta porque soy antiguo alumno suyo - no tuvieron en cuenta algo importante.
Ellos, que se inventaron lo del cuarto voto, el de la obediencia al Papa - además de los tres clásicos, comunes a todos las órdenes y congregaciones religiosas: pobreza, castidad y obediencia - debieron, pensando en Vicente Ferrer, haberse inventado un apartado en su orden para los hombres de fe y casados como este catalán universal.
España le ha reconocido su labor con varios galardones. El más importante, quizás, el del Príncipe de Asturias de la Concordia.
¿Para cuándo el Nobel de la Paz?
riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Seguro que desde el cielo - o cualquier otra lugar - estará contemplando a algunos obispos españoles, empeñados en darle batalla al Gobierno en el asunto del aborto y otros y estará pensando para sí:
¿Por qué no se marchan a mi Fundación, que hacen falta brazos, y se dejan de discutir sobre el sexo de los ángeles?
Es decir, menos preocuparse por los críos que aún no han nacido y más interés por los que ya están aquí, entre nosotros, y que, a diario, mueren en todo el mundo.
19 Junio 2009 | 10:33 PM