Eso no lo sabe nadie.
Laureano Alvarez-Rementería es un médico cirujano sevillano.
Compatibiliza el trabajo en su centro médico privado en la calle madrileña de Almagro con la colaboración con Médicos del Mundo en el Sahara y consultas gratuitas en un dispensario de beneficiencia regentado por monjas en Cuatro Caminos.
Le hacen una entrevista en el diario ABC.
Los entrevistadores citan al comienzo de la misma una frase del doctor: "En mi quirófano hay crucifijo y no molesta a nadie".
Ya, de entrada, me quedé perplejo.
Os juro que en lo que menos se fija alguien al entrar en un quirófano es en si hay o no hay crucifijo.
Se entra con tanto miedo y está aquello tan obscuro que lo único que desea uno es salir de allí cuanto antes.
A lo más, divisa las batas blancas de cirujanos y ayudantes.
Y si por casualidad se observara la presencia del crucifijo, no creo que nadie en su sano juicio tuviera nada que objetar.
Porque si es creyente, se alegraría.
Y si no lo es, se callaría, por si acaso.

riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
A mí las cruces ni me molestan ni me dejan de molestar.
Pero hay quien es capaz de matar por amor a la cruz.
Yo, educado en colegios religiosos, digo como una monja a quien escuché hace algún tiempo en la radio:
"A Cristo hay que llevarlo en el corazón; las cruces casi sobran".
4 Marzo 2010 | 01:42 PM