Se gana uno y se pierden dos.
Es lo que gana y pierde el Estado con la venta de tabaco.
Por cada euro que percibe, invierte dos en curar a los enfermos del tabaquismo.
Leo en el diario gratuito 20Minutos:
"El Comité nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) aseguró ayer que de los casi 100.000 millones de euros de presupuesto sanitario anual, sumado el público y el privado, en torno al 15% está relacionado con el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades vinculadas a su consumo".
Solución: que se prohiba la venta de tabaco.
Preguntada una autoridad gubernamental por esta, al parecer, sencilla solución, dijo que tiene de todo menos de sencilla.
Y le contestó al periodista que se lo preguntaba que, aparte de lo que supondría de catástrofe para cuantas personas se dedican al cultivo de esta planta en España, daría paso a un nuevo contrabando, con todo lo que ello conlleva de mafias que introducirían tabaco en España clandestinamente y sin los cuidados sanitarios que ahora se llevan a cabo en el uso del mismo.
Por lo que la solución estaba aún en el largo plazo - en la paulatina disminución del uso del tabaco en la población.
Hoy escuchaba en la radio una buena noticia en Madrid: ha disminuido la cantidad de jóvenes que fuman.
Claro, que se contrarresta con el incremento del tabaco entre las mujeres.
Hoy se aprobará una nueva ley en el Congreso que prohibirá fumar en todos los lugares públicos y privados cerrados.
Son muchos los fumadores que piensan que tienen derecho a escoger cómo morir.
En principio, nada que objetar.
Sólo que la sociedad no puede permitirse ese lujo porque grava a una Sanidad que precisa de ese dinero para enfermedades irremediables, a las que muchos ciudadanos se ven abocados sin haberlas provocado con su mala práctica.
Porque es francamente penoso contemplar cómo los escasos euros de los que en las circunstancias actuales dispone el Gobierno, se conviertan en humo.
riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Yo siempre he creido que fumar era una de las muchas tonterías que hace el ser humano y no se da cuenta de ellas hasta que el mal es irremediable.
No tiene ningún mérito por mi parte porque siempre he sentido una especie de alergia al humo del tabaco.
Pienso que hay hábitos que son dañinos para el sujeto que los practica y que, si no se es capaz de desprenderse de ellos por convicción, la sociedad debe hacer algo por remediarlo.
Es lo que se está haciendo en todos los paises con las respectivas 'leyes anti-tabaco'.
22 Junio 2010 | 07:50 PM