No confundamos los tomates con los pimientos.
Leo en el diario El País el siguiente titular:
"Los ladrones del cobre hacen perder a Endesa 4,3 millones en ocho meses".
Tanto las eléctricas como Telefónica están perdiendo cifras millonarias.
Y, lo que es peor, miles de ciudadanos se quedan sin suministro eléctrico y conexión telefónica por culpa de estos robos.
Reproduzco un párrafo del mismo diario:
"En Madrid, los ladrones del cobre recibieron un varapalo el verano pasado de 2009 cuando la Guardia Civil detuvo a 85 personas relacionadas con el hurto de este mineral. Es uno de los golpes más importantes de una banda dedicada a la sustracción de cobre.
Los agentes desarticularon la red, integrada por rumanos, en un poblado chabolista de la capital, El Gallinero".
En total se habla de más de 59 robos con el resultado de más de 20 toneladas de cable telefónico.
Conozco muchos rumanos en mi localidad que son un encanto.
También a una familia en mi bloque que nos hicieron la vida imposible durante 3 años hasta que se marcharon.
No es fácil dilucidar la linde entre racismo y enfado con extranjeros.
Si yo digo que todos los judíos me caen mal, eso es racismo.
Si yo digo que un palestino que me robó reiteradamente en mi casa es una mala persona, eso no es racismo.
Sarkozy tiene un gran problema con los gitanos rumanos y búlgaros.
La Comunidad Europea se le ha echado encima.
Y yo me pregunto: ¿debe prevalecer el derecho a vivir donde uno desee aunque moleste a los de ese país, o no tengo derecho a vivir en un país distinto a aquel donde yo he nacido si no soy capaz de integrarme y respetar la convivencia pacífica con los habitantes de la nación que me ha acogido?
Alguien ha dicho en el Parlamento Europeo:
"En Europa no hay lugar para la discriminación de las minorías".
Pero el mismo Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea, ha debido salir al paso y decir:
"La libertad de circulación en la UE no es absoluta".
Pongamos un caso poco posible: de pronto, se levantan un día todos los búlgaros y deciden emigrar a España.
¿Qué pasaría?
¿ Permitiría nuestro Gobierno entrar a todos por aquello del derecho de cualquier europeo a la libre circulación por la UE o, más bien, cerraría las fronteras porque sería imposible acoger a tantos?
Muchos españoles que en su momento tuvieron que emigrar, salen sistemáticamente en defensa de los extranjeros con el argumento de "nosotros también fuimos emigrantes".
Y yo siempre respondo con el mismo argumento:
Me consta eso por oídas.
Pero no me consta que nuestros compatriotas que fueron a Alemania, por ejemplo, montaran fiestas y ensucieran cada fin de semana los parques públicos, molestaran a sus vecinos hasta altas horas de la noche con voces y música o robaran los cables eléctricos del alumbrado.
Seamos serios.
Si una persona de cualquier parte del mundo escogiera vivir en España, bienvenido sea.
Pero si pretende vivir entre nosotros saltándose a la torera los más elementales principios de convivencia, se le debería invitar a volverse a su país.
¿Dónde esta aquí el racismo?.
riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Siempre que se escribe o habla sobre emigrantes hay que ser políticamente correctos.
Pero ello no exime el que seamos serios y digamos lo que pensamos, que es lo correcto y adecuado.
Y la verdad es que hay inmigrantes en España que son un encanto y otros que son una pesadilla.
¿Tenemos que aguantar a estos últimos?
Ya tenemos bastante con aguantarnos los que hemos vivido aquí.
11 Septiembre 2010 | 01:43 PM