"Era como era"
Así lo definió el también cantautor Eduardo Aute.
La madrugada del viernes nos sorprendió con la muerte de otro hombre bueno: el político, profesor, historiador, cantautor, poeta y correcaminos José Antonio Labordeta.
La primera vez que oí hablar de Labordeta fue escuchando cantar a un compañero de universidad aragonés en Barcelona que, curiosamente, su voz y su timbre sonaban a Labordeta pero mejor.
Hombre de un tremendo humor incluso con las cosas más santas.
En cierta ocasión dijo que así como lo de cantar le vino con los cuarenta y su vocación de político a la fuerza mucho más tarde, la de escribir versos le venía de su más tierna infancia.
Contó divertido que la primera poesía que recuerda haber compuesto de niño comenzaba:
"Si Dios pregunta por mí, decidle que no he nacido".
Espero que no lo recordemos por haber mandado a la mierda a un grupo de diputados deslenguados del Partido Popular.
Es una pena que todos recuerden - porque fue lo que recogieron los micrófonos - el momento escatológico, pero les recuerdo, por si aún no lo han oido, que lo que mosqueó a su señoría, el representante de la Xunta Aragonesista, fueron frases del tipo:
"¿Dónde te has dejado la mochila?"- aludiendo a su estupendo programa en televisión española, "Un País en la Mochila".
O esta otra:
"Cállate, cantautor de las narices".
Esto último colmó el vaso por excesivamente ofensivo, incluso para un ciudadano de a pie.
No puedes mandar callar, ni de broma, a alguien que está en posesión de la palabra en la tribuna del Congreso, dirigiéndose en aquel momento al ministro de Fomento, señor Alvarez Cascos.
Quiero recordar aquí alguno de los epítetos que les han dedicado estos días personas que le querían o que le respetaban:
Abierto, gracioso, comprometido, genuino, espontáneo, abierto, el abuelo de todos, natural, culto, buena gente, normal, corriente, cálido, intelectual, humano, con sentido del humor...
No fue un gran político, pero resistió dos legislaturas como diputado.
No fue gran escritor, pero escribió libros y novelas.
No fue un gran cantante, pero entusiasmaba al público que acudía a escucharlo.
No fue un gran profesor. Esto no. Todos sus alumnos lo recuerdan con cariño.
Mira si sería bueno como profesor que nunca lograron los periodistas que dijera nada desagradable de uno de sus antiguos alumnos más conocidos, Jiménez Losantos, colocado en las antípodas de su ideologia política.
Memorable fue su despedida con una jotica que cantó a capella y que decía:
"Aqui se quedan los guapos y nos marchamos los buenos".
Hasta siempre, amigo Labordeta.
Aquí seguiremos no sólo los guapos sino también los feos.
Tú sigue pasándotelo bien donde quieras que estés.

riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Tenía
21 Septiembre 2010 | 11:26 AM