Carta breve a un canario digno.
Fernando Guerrero es un español que reside en la bella ciudad de Las Palmas, en las Islas Canarias.
Escribe en la sección 'Cartas al Director' del diario El Mundo:
"El presidente de la comunidad autónoma de Andalucía, José Antonio Griñán, ha fijado precio a la dignidad de todas aquellas personas represaliadas durante la dictadura franquista".
Tacha ese gesto como de "total ausencia de sensibilidad y mucha desvergüenza".
Y el motivo de esta descalificación es porque 'así no se compensa lo más preciado del hombre, que es su dignidad'.
Y continúa su grandilocuente discurso con frases como "la dignidad de un pueblo no se puede comprar con dinero".
Bueno. Está claro que a usted no le ha gustado el gesto del señor Presidente de Andalucía.
Yo he escuchado el testimonio de alguna de estas mujeres - que, por cierto, siguen igual de pobres que hace 60 años - y han aceptado esta simbólica cantidad de 1.800 euros con gratitud.
No tanto porque sea una forma de compensar lo sufrido, cuanto por lo que el gesto en sí significa de reconocimiento a una injusticia cometida con ellas.
Ignoro si todos mis posibles lectores están al tanto de la noticia que estoy comentando.
La Junta de Andalucía ha concedido 1.800 euros a mujeres que sufrieron injusta persecución en la época de la Dictadura del general Franco, en forma de toma de aceite de resino - para que echaran fuera el veneno republicano que tenían dentro - o humillándolas con el corte de su pelo - quizás, lo que más contribuye a la belleza física de una mujer - , o haciéndolas desfilar cantando himnos falangistas.
Señor Guerrero, ¿calificaría usted también a los gobiernos de España de 'total ausencia de sensibilidad y mucha desvergüenza' cuando conceden ayudas pecuniarias a las víctimas del terrorismo?
Usted descalifica pero no dice cómo compensaría a esas personas represaliadas durante la dictadura franquista.
¿O acaso piensa como el periodista sevillano, don Antonio Burgos, quien, queriendo hacer una gracia de las suyas en el diario ABC, dijo recientemente que en aquella época el aceite resino lo bebían todos los niños como algo normal?
Siento disentir de cuanto en su carta afirma.
Porque donde usted ve un despropósito del Gobierno andaluz, yo sólo veo un gesto de cariño hacia esas mujeres.
riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Me fijo en un detalle curioso de los castigos que estos falangistas infligían a mujeres republicanas, o lo que es aún peor, esposas de republicanos huídos: les hacían cantar.
Tal cual hacían los nazis hacer a los que tenían en sus campos de concentración.
7 Octubre 2010 | 04:17 PM