"El poeta de vida breve" (Miguel Hernández)
Sólo vivió 32 años.
Nació en la calle San Juan, frente al convento de San Juan, Orihuela, en 1010 y murió en Alicante, en 1932.
Mi primer contacto con Miguel fue a través del grupo andaluz Jarcha.
Escuchando su canciones me sumergí por primera vez en su poesía.
Dijo de él Pablo Neruda:
"Recordar a Miguel Hernández, que desapareció en la obscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela..."
Y España lo está recordando: exposiciones, conferencias, conciertos....
En la ciudad donde vivo lo están haciendo con todos los honores: hoy mismo se inaugura una estatua suya, que vendrá a unirse a la plaza y avenida que ya tiene dedicada a su figura en esta ciudad del sureste madrileño.
Pero, sobre todo, en su ciudad natal, donde se han volcado y están haciendo celebraciones de todo tipo a lo largo de este año centenario de su nacimiento.
Fue una broma de mal gusto que muriera en Alicante, en un centro de reeducación.
¿Reeducar a Miguel? De él, a pesar de su juventud, hay que aprender mucho y enseñarle poco.
Prefirió permanecer en prisión antes que traicionar a sus ideas, cosa que le proponían amigos venidos de Madrid.
Al recientemente fallecido líder y fundador de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho, se le atribuye el lema:
"Ni nos domaron. Ni nos doblaron. Ni nos van a domesticar".
Miguel, sin conocer, probablemente a Marcelino, practicó antes su famoso grito de guerra sindical y reivindicativo.
He estado hace unos días en su casa de Orihuela, en la calle de Arriba.
La foto que ilustra este post la obtuve de la sala-comedor de su vivienda.
Esa casa que describió como:
"Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias".
Recorrí las habitaciones: donde dormía él, donde dormían sus padres, sus hermanas, el saloncito-comedor a la entrada de la vivienda, la cocina.
También pasé al huerto; ese del que el poeta escribió:
"Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores.
Pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores".
Es una casa viva. Todo está tal cual, como si sus habitantes hubieran salido a algo.
Me senté en su cama y fotografié desde allí lo que a través de las rejas de la ventana veía Miguel: el patio del pozo y la parra, que hacía sombra al patinillo, y un muro que separa la vivienda del huerto.
¡Qué hombre más sabio habría sido Miguel de haber tenido un padre más amante de la cultura!
Lo retiró tempranamente de estudiar en el famoso Convento de San Francisco, junto a su casa, donde durante dos años pudo aprender de sus maestros los eclesiásticos que entonces, y aún siguen, regentando el centro, hoy elevado a la categoría de Monumento Nacional.
Allí conoció a su gran amigo Ramón Sijé, quien murió a la temprana edad de 22 años.
A él dedicó una de las más bellas elegías que se hayan escrito en lengua castellana:
"Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano".
Os invito a acercaros por Orihuela.
Porque tenemos Miguel para rato.
Ya lo dejó escrito en aquellos versos:
"Retornarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida".
riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Los que somos más bien cobardes nos conmueven personajes como Miguel Hernández, quien prefirió seguir en la cárcel de Alicante a traicionar sus ideales.
Hoy entierran en el cementerio civil de la Almudena de Madrid a un sindicalista ejemplar, Marcelino Camacho, fundador del sindicato Comisiones Obreras.
Ambos defendieron el mismo lema ante la misma dictadura:
"Ni nos domaron ni nos doblaron ni nos van a domesticar".
30 Octubre 2010 | 01:26 PM