José Antonio Primo de Rivera era buena gente.
Y baso mi afirmación no en la glorificación que de él hicieron los suyos comparándolo, a partir de la coincidencia de edad, 33 años, con Jesucristo, o al inventarle hazañas que él nunca llevó a cabo.
Me fundamento, primero, en que el general Franco le quería tanto que le dejó morir.
Y, en segundo lugar, en algunos supuestos de su actuaciones.
Le agradó la película 'Tiempos nuevos' de Charles Chaplin, cuando se estrenó en Madrid en 1936.
A la derecha de entonces, no.
La consideraron muy socialista y muy bolchevique.
Le gustaba Pablo Picasso, y a punto estuvo de conseguir una exposición sobre el pintor malagueño.
A la derecha, tampoco.
Demasiado vanguardista.
Y le caían bien escritores como Alejandro Casona y Federico García Lorca.
A la derecha, menos áun.
Todos sabemos cómo acabó el poeta granadino.
Y era tan buena gente que en el Centenario de su Nacimiento, en el año 2003, le escuché decir en Radio Nacional de España al escritor Eduardo Mendoza, que lo más que pudo encontrar de esta efeméride fueron 10 renglones en la página 9 de un diario madrileño.
No se merecía tan poco él que había sido ídolo para tantos.
Autor del famoso ¡Presente!
El difusor del Yugo y las Flechas.
Al que le erigieron estatuas y plazas por toda España.
Y hasta llevó su nombre durante muchos años la principal arteria de la capital de España, la Gran Vía - denominada la Gran Vía de José Antonio.
A ver qué se hace con él cuando el Valle de los Caídos pase a convertirse en algo distinto de lo que es ahora.
Descanse una vez más en paz.
Y, por favor, guardaos todos de los vuestros.
riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Dicen que justicia es darle a cada cual lo suyo.
Por eso no tengo empacho en concederle al fundador de Falange lo suyo.
27 Diciembre 2010 | 11:57 PM