Garzón, ese hombre luchador.
Para algunos no es más que un 'juez estrella', con un enorme ego y con mucho afán de notoriedad, que está en todas partes.
Es una opinión, con toda seguridad, de quienes no le quieren.
Yo, en cambio, pienso que está en todas partes porque no a todas partes se atreven a ir otros jueces.
Y en todo este peculiar proceso a que se le tiene sometido, está mostrando un enorme temple y sentido de lo que debe de ser un juez al que le van a enjuiciar por asuntos que no tienen ni pie ni cabeza.
Hoy leo el siguiente titular en el diario Público:
"Una plataforma antifranquista solicita que no se juzgue a Garzón".
Y el motivo que aducen es 'porque no pueden juzgar al juez que esta defendiendo a los que queremos saber la verdad'.
Hay cosas en nuestra historia reciente que debieron de hacer los triunfadores y, por no hacerlo, estamos ahora sufriendo ver a un buen juez, injustamente perseguido.
Hay muchos a la derecha de este país que piensan que el juez Garzón está abriendo heridas cuando lo cierto es que esas heridas no se habían cerrado nunca.
Y si no, vean el ejemplo del poeta Miguel Hernández por el que su familia está luchando para que le absuelvan de una condena injusta, y no hay forma.
Con lo que los actuales jueces democráticos dan la impresión de que son la continuación de aquellos jueces antidemocráticos que le condenaron tan injustamente.
Y va aún más lejos esta plataforma. Porque no sólo piensan que la decisión de juzgar al juez Garzón es injusta sino que es 'una amenaza a la independencia judicial'.
Y concluyo con una reflexión de don Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno y diputado socialista:
"En España hay una democracia incompleta porque no se ejerce con naturalidad la libertad de recordar el franquismo ni el ejercicio de expresar reconocimiento o sanción moral a los actos del pasado".
Y es que en esto de la Memoria Histórica se confunden las cosas.
Una cosa es no remover y pedir responsabilidades individuales, y otra muy distinta pensar que se pueden olvidar a los exiliados y vencidos y a sus seres queridos aún sepultados en campos y cunetas.
El caso, por ejemplo, de no querer revocar una sentencia injusta de muerte al poeta Miguel Hernández, que acabo de mencionar, es una de esas asignaturas pendientes del Tribunal Supremo español que se niega a ello y que no se entiende por mucho que te lo expliquen.



riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Por mucho que se empeñen los periodistas de la porra, la bronca y la caverna, no se pueden abrir heridas que nunca se cerraron.
15 Marzo 2011 | 07:31 PM