En mi último viaje por tierras castellanas encontré un exiliado vasco.
Una de las grandes tragedias de Euskadi, a la que son ajenas muchos otros vascos, los nacionalistas,por ejemplo, es la de quienes, normalmente por cuestiones políticas, se han visto obligados a cambiar su tierra por otra de la piel de toro, más cálida y acogedora.
La mayoría ha sido por haber sufrido violencia y amenazas por parte de la banda terrorista ETA.
Pero los hay que a esto añaden otros motivos.
Uno de estos vascos fue con quien pude mantener largas conversaciones, ya que me alojé en un hotelito rural, precioso que ha construído y que dirige con acierto.
Está situado en un encantador pueblo de Palencia, lleno de historia y cultura.
Nuestro amigo vasco se llama Niko y es un ser excepcional: extrovertido, dicharachero, simpático y amigo de una buena charla.
De esas personas que la saludas por primera vez y tienes la impresión de conocerlas de toda la vida.
Por eso tuve la sensación de que más que un encuentro había sido un reencuentro.
Hace poco leía un reportaje en la revista Tiempo cuyo titular decía: 'Los exiliados a Euskadi'.
Y explicaba que "las expectativas de paz están animando a miles de amenazados por ETA a plantearse el regreso al País Vasco después de vivir durante años fuera de su tierra".
No es este el caso de Niko.
Como bien le cuenta a la entrevistadora Clara Pinar:
"Lo que no consiguió ETA durante una década, lo consiguió, en mi caso, el hartazgo y la desesperanza ante la sociedad que estaban creando los sucesivos gobiernos nacionalistas".
Por haber observado, desde la atalaya de su trabajo como concejal de Miravalles en Vizcaya, un modelo de sociedad excluyente.
Por ello aprovechó el nacimiento de su hija para plantearse dejar su mundo y marcharse a otro lugar.
Dejó su trabajo en el ayuntamiento de Ermua, y su mujer, sus clases en el Instituto de Secundaria, y ahí los tienes trabajando en la hostelería tan contentos.
Lejos de su patria pero felices y tranquilos.
El hotel es un bullir de huéspedes, de camino a, o de vuelta de, Compostela, ya que esta población palentina es lugar de tránsito de peregrinos en pleno Camino de Santiago..
Es un hotel con encanto y muy original en su decoración. Acogida amable, tranquilidad y buena comida.
¿Qué más podría desear el peregrino y el que, como en mi caso, no lo era?

riselo dijo
Amig@s bloguer@s:
Las casualidades existen.
Mira que hay vascos viviendo fuera de Euskadi.
Pues el único vasco que viene en el artículo, fotografiado delante de una de las habitaciones del hotel que dirige, es nuestro amigo Niko.
29 Julio 2011 | 12:33 AM